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Hay coches que parecen pequeños hasta que te pones detrás del volante. El Mini Cooper es uno de ellos. Nacido de una de las ideas más brillantes de la historia del automóvil, el Mini cambió la forma de entender un coche urbano al colocar las ruedas en las esquinas, aprovechar al máximo el espacio y ofrecer una conducción sorprendentemente divertida. Este ejemplar fue importado desde Japón, un mercado conocido por conservar coches clásicos con gran cuidado y donde los Mini encontraron una afición especialmente fuerte, ademas cuenta con 5,451 km desde su restauración.
Bajo el cofre lleva el clásico motor de cuatro cilindros en línea de 1.0 litros, con alrededor de 40 hp y alimentación por carburador, cifras que hoy pueden parecer modestas, pero que cobran sentido en un automóvil que pesa poco más de 600 kilos. Su tamaño, dirección directa y tracción delantera hacen que cada curva se sienta especial. Además, pertenece a una época en la que el Mini todavía conservaba buena parte de la esencia del diseño original de Alec Issigonis, presentado en 1959.
Más que un coche pequeño, el Mini Cooper se convirtió en un fenómeno cultural. Ha aparecido en películas, carreras y rallies, y su legado llegó incluso a conquistar el Rally de Monte Carlo. Hoy, un Mini clásico bien conservado tiene algo que muchos coches modernos han perdido: carácter. Este 1989, con historia en Japón y toda la personalidad de un verdadero clásico británico, es una pieza divertida, diferente y con muchísimo encanto.